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Hubo un tiempo en el que los langostinos no ocupaban las cenas de Navidad y fin de año, ni el árbol estaba lleno de luces, bolas y guirnaldas. Era un lugar de campo, en el que se adornaba la casa con flores, plantas y cajas de fósforo a modo de regalos, que casi nunca llevaban regalo dentro. En cambio, la familia se reunía, incluso a veces se vestían de magas las chicas para ir a recibir los regalos, se inventaban representaciones teatrales, se cantaban villancicos. En esas noches de Navidad en el campo canario, y ya cuando los tiempos de la posguerra más dura habían pasado, se guisaba carne de cochino, que había esperado en salazón desde la matanza hasta la Navidad, con papas de la risa, esas que al recoger la cosecha quedaban ocultas al campesino y salían después a su libre albedrío. Estas papas se “raspaban” y se añadían a la carne, para guisar todo con un rico mojo de cilantro.

Hemos encontrado este diccionario de papas antiguas, en el que figuran también las papas de la risa, una opción tradicional que no estaría mal poder recuperar también, hoy en día, al amparo de una mesa ocupada por nuestra familia y amigos.