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Dos placeres exquisitos se unen hoy, 23 de abril, Día del Libro: la comida y la lectura. Más allá del manjar que supone leer con, por ejemplo, un plato de buen jamón y queso cerca de la mano y una copita de vino, el binomio gastronomía y literatura ha estado presente en multitud de obras. Hoy les traemos aquí, en cambio, un extracto que da fe de la nobleza de los caballeros andantes y de que, preocupados, como Don Quijote, por sus congéneres, prefieren seguir una dieta frugal, de acuerdo con su estilo de vida.

Del capítulo X de El Quijote: De los graciosos razonamientos que pasaron entre D. Quijote y Sancho Panza su escudero

Aquí trayo una cebolla y un poco de queso, y no sé cuántos mendrugos de pan, dijo Sancho; pero no son manjares que pertenecen a tan valiente caballero como vuestra merced. Que mal lo entiendes, respondió Don Quijote: hágote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y ya que coman, sea de aquello que hallaren más a mano: y esto se te hiciera cierto, si hubieras leído tantas historias como yo, que aunque han sido muchas, en todas ellas no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes comiesen, si no era acaso, y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y los demás días se los pasaban en flores. Y aunque se deja entender que no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales, porque en efecto eran hombres como nosotros, has de entender también que, andando lo más del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin cocinero, que su más ordinaria comida sería de viandas rústicas, tales como las que tú ahora me ofreces: así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí me da gusto, ni quieras tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería andante de sus quicios.